109 años después
Turbulencias

Gas expulsado por el choque de dos galaxias.
Dentro de la teoría del Big Bang, la formación de las galaxias es todavía uno de los puntos pendientes de resolver; cuando menos, están pendientes de confirmación las hipótesis formuladas en este campo. Actualmente se piensa que la formación de las galaxias fue debida a pequeñas diferencias de densidad iniciales, de manera que las zonas más densas del universo primitivo atraían materia de su proximidad, con lo cual aumentaban de tamaño y se hacían aún más densas convirtiéndose en nubes independientes con mucha masa, los elementos constituyentes de las galaxias. Cuando estas nubes densas chocaban entre sí iban dando forma al que sería el núcleo de la futura galaxia y las ondas de choque de estas colisiones iban comprimiendo aún más el material hasta que se concentró para formar estrellas. Las nubes más grandes absorbían otras pequeñas y así aumentaban todavía más el núcleo galáctico; el exceso de material se dispersaba alrededor del mismo para formar el disco que, a la larga, desarrollaría los brazos en las galaxias espirales.
Para entender cómo se formaron las galaxias debemos realizar un viaje al pasado y estudiar los objetos primitivos que existían en la época de creación de las grandes estructuras. Por lo tanto, tenemos que mirar lejos y observar el universo profundo. Cuando lo hacemos, nos encontramos con una serie de objetos espectaculares que irradian una gran cantidad de energía: quásars, protogalaxias, estrellas de neutrones, púlsares y supernovas.

Remanente de la denominada supernova de Kepler.
Un fenómeno clave para la condensación de materia y la formación de nuevas estrellas y sistemas planetarios son las supernovas, la muerte de estrellas masivas. Una supernova se origina cuando una estrella es incapaz de soportar su propia compresión y se expande súbitamente. Es una gran explosión, que irradia en pocos minutos una energía equivalente a la que emite el Sol en un año, cuyas ondas de choque provocan el agrupamiento de materia. Hay dos tipos de supernovas, las de tipo I y las de tipo II. Gracias a estas explosiones estelares también podemos encontrar elementos pesados en el universo que sólo se pueden haber formado en el interior de las estrellas, único lugar donde se dan las condiciones necesarias para su síntesis. Efectivamente, los núcleos estelares son como grandes hornos industriales y lo que se cocina allí dentro, a una temperatura de aproximadamente 3.000 millones de grados, dependiendo del tipo de estrellas, son los elementos químicos más pesados.
Esta época turbulenta de caos cósmico, choques entre galaxias, grandes explosiones estelares y objetos energéticos que irradiaban una elevada energía, terminó hace unos 5.000 millones de años (como mínimo en el universo próximo a nosotros) dando lugar a estructuras estables como las galaxias actuales y sistemas planetarios como el nuestro.
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