Ahora
Evolución

Esta imagen representa la Vía Láctea. Se han marcado la barra central y la localización del Sol.
Ha sido un placer compartir con todos vosotros esta historia emocionante. Después de un viaje tan largo y movido, y antes de saber cómo y hacia donde evolucionaremos, tenemos que situarnos en este universo que, al parecer, es infinito. El sistema solar se encuentra en el disco galáctico, entre los brazos de Orión y Sagitario, pero mucho más cerca del primero, lo que hace pensar que la formación de la nebulosa planetaria que lo originó se debió a la compresión de material a causa del paso del brazo de Orión. El Sol se encuentra a una distancia de 8,5 Kpc del centro de la Vía Láctea, nuestra galaxia, que junto con Andrómeda (esta mayor y sobre la que de hecho estamos cayendo) es una de las dos galaxias gigantes del grupo local, el cúmulo al que pertenecemos, que forma parte del supercúmulo local o de Virgo.
En el siglo XVI Nicolás Copérnico ya estableció que no somos el centro del universo, sino que orbitamos alrededor del Sol. Hoy en día sabemos que una galaxia contiene 100.000 millones de estrellas como el Sol y que la luz, que viaja a una velocidad de 300.000 km/s, ¡tarda 100.000 años en atravesarla! El sistema solar no es el centro de la Vía Láctea y esta tampoco es el centro del grupo local, que contiene unas treinta galaxias más, y el grupo local tampoco es el centro del supercúmulo de Virgo, que a su vez tampoco es el centro del universo. Y lo mismo sucede con cualquier punto del universo donde nos podamos colocar. Ningún punto es el centro o, lo que es lo mismo, todos los puntos son el centro; sea cual sea el lugar del universo donde nos coloquemos, observaremos el mismo panorama. De esta idea procede el principio cosmológico que nos dice que, a gran escala, el universo es homogéneo e isótropo. Es un principio filosófico porque, evidentemente, no podemos colocarnos encima de un planeta de Andrómeda y dedicarnos a observar el universo, pero tiene la gran ventaja de que puede tratarse matemáticamente. Al hacerlo encontramos que el universo sólo puede tener tres tipos de geometrías: plana, esférica o hiperbólica. Si ahora resolvemos las ecuaciones de campo de Einstein teniendo en cuenta estas tres geometrías, llegamos matemáticamente a la ley de Hubble. Es decir, la observación y la teoría llegan al mismo lugar, siendo esta una de las pruebas por las que se piensa que la teoría del Big Bang es correcta. Por cierto, todo parece indicar que la geometría del universo es plana.
Otro hecho que refuerza la teoría del Big Bang, quizá la mejor evidencia del mismo, es el descubrimiento de una radiación de fondo cósmico (RFC) predicha en 1948 por George Gamow, Ralph Alpher y Robert Hermann. Si haces memoria recordarás que en el juego 6 explicamos como el universo se volvió transparente y que desde entonces los fotones pueden viajar libremente. Pues bien, en 1965 Arno Penzias y Robert Wilson descubrieron una señal homogénea procedente de todos los puntos del espacio. Dicha señal son los fotones liberados en aquel momento de la recombinación y los detectamos a una temperatura de 3 K. Retrocediendo en el tiempo encontramos que estos fotones, en el momento en que se desacoplaron de la materia, tenían una temperatura de 4.000 K aproximadamente, ¡justo la que debía tener el universo, más pequeño y denso, en el momento en que los primeros electrones empezaban a frenar!
En 1989 la NASA lanzó al espacio el satélite Cósmico Background Explorer (COBE) con el objetivo de estudiar las diferencias en la radiación de fondo, estudio que dio como resultado un mapa donde las fluctuaciones de temperatura son de una cienmilésima de grado. Se cree que estas fluctuaciones se deben a fluctuaciones cuánticas en el universo inmediatamente posterior al Big Bang y que las zonas de mayor temperatura, o sea más densas, son aquellas donde finalmente se habrían formado las galaxias y las estrellas debido a la paciente y constante acción de la fuerza gravitatoria. Después del COBE se han enviado otros satélites con objetivos similares. Los últimos, el Herschel y el Planck, forman parte de un proyecto muy ambicioso de la Agencia Espacial Europea (ESA) y fueron lanzados al espacio el pasado 14 de mayo de 2009 desde Kourou, en la Guayana Francesa. El Herschel es el telescopio espacial más grande de la historia, incluso mayor que el Hubble, y está destinado a la observación de las galaxias más lejanas. El Planck, por su parte, estudiará el universo más primitivo, la radiación fósil justo después del Big Bang.
Para situarnos totalmente en el panorama actual del universo conocido tenemos que hablar de algo diferente de las estrellas, los planetas y los asteroides que observamos, hemos de hablar de materia oscura y de energía oscura.
Ya hace años que los astrónomos han observado que las velocidades de rotación de algunas galaxias y cúmulos galácticos son mucho mayores de lo que correspondería a la masa visible que contienen, o sea, que tiene que haber mucha más masa que la de la materia visual que vemos. La masa que no vemos la denominamos materia oscura y es un tipo de materia que no emite radiación electromagnética, ¡no brilla! Solo tiene efectos gravitatorios y no es detectable directamente con los telescopios.
La energía oscura es totalmente diferente de la materia oscura, es una energía con efectos gravitatorios negativos, que tiende a separar la materia y expandir el espacio. Es la responsable de la expansión acelerada del universo y está asociada a la energía del vacío, por lo que a veces se denomina energía del vacío. De toda la densidad de energía presente en el universo, el 73% es energía oscura, el 23% materia oscura ¡y únicamente el 4% restante es materia ordinaria!
En resumen: vivimos en un universo plano e infinito. No somos el centro del universo, no somos, ni mucho menos, el único sistema planetario existente, y estamos hechos de la materia que menos abunda en el universo. Además vivimos gobernados por el vacío. La densidad de la energía oscura se mantiene constante con el crecimiento del universo; por el contrario, la densidad de energía de la materia (la que tiene efecto gravitatorio positivo) se hace más pequeña cuanto más aumenta el tamaño del mismo, lo que nos llevará, si nada cambia, a una expansión indefinida.

Esta representación artística muestra un universo completamente estrellado visto desde la Tierra.
Pese a no tener ninguna posición privilegiada en el gran circo que es el universo, en la Tierra se ha creado y ha evolucionado la vida. Por el momento, la única forma de vida “inteligente” conocida la encontramos en la Tierra. Y digo la única conocida hasta ahora porque en la inmensidad de este universo, con tantos soles y planetas existentes, es perfectamente posible que en algún otro punto se hayan dado las condiciones adecuadas para la evolución de la vida. O sea que no me atrevo a negar la posible existencia de vida inteligente extraterrestre, pero lo que tampoco puedo hacer es confirmar que esta vida existe, ¡me tomaríais por loco! Ahora que presumimos de ser una especie inteligente, ¡desintonizad el televisor y obtendréis información más interesante que la de cualquier canal que pongáis porque el 1% de las rayitas negras y blancas que veis son radiación de fondo cósmico!
Bromas aparte, mi historia termina aquí, compañero. Yo ya no tengo nada más que explicar, ahora te toca a ti continuar con esta historia, reexplicarla y hacer que acabe como más te guste. ¡El futuro del universo y de toda la especie humana está en tus manos! ¡Escribe una gran historia para contarlo!
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