¿Podrás desentrañarlo?


Brevísima historia de la criptografía

La historia de la escritura es también la historia de cómo esconder lo que se escribe para que no lo pueda leer todo el mundo. Simples motivos personales o el dinero, el poder o la guerra han hecho que, desde siempre, la humanidad haya querido ocultar lo que escribe a los ojos de determinadas personas.

Nota: el alfabeto utilizado en los enigmas que se proponen en esta página está compuesto por veintisiete letras: a, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z.

Hay que tener en cuenta que en los mensajes cifrados no se utilizan acentos ni otros signos ortográficos. Por razones prácticas, se escriben en mayúsculas.

El código de Julio César

Se dice que el primero en cifrar mensajes para que no pudiesen ser leídos fue Julio César. Hizo crear un sistema, un código, para que las órdenes a sus ejércitos lejanos no fuesen leídas y contrarrestadas por sus enemigos en caso de que el mensaje fuera interceptado. Hoy sabemos que el código César es de una sencillez casi ingenua, pero en su época y durante muchos siglos fue el sistema preferido en todas partes.

Es un código de sustitución: consiste en utilizar en lugar de la letra del mensaje otra que está separada de ella un determinado número de espacios en el alfabeto. Por ejemplo, si este número es CUATRO ADELANTE, significa que una A se transcribirá E y una M se escribirá Q. Así, por ejemplo, BIG BANG se convertirá en FMK FEQK. Tenía de impenetrable, además de su propia novedad (es decir, la invención de la criptografía), que en cada mensaje había que saber cuál era la decalaje con relación al alfabeto normal.

Ahora el código César nos parece cosa de niños porque sabemos que en las lenguas, en la inmensa mayoría de lenguas, unas letras aparecen mucho más que otras. Es evidente, ¿verdad? Pues bien, esto no lo pensó nadie hasta algunos siglos después de Julio César. La única condición es que el mensaje sea largo, puesto que una sola palabra no da información suficiente. Para descifrar un mensaje escrito mediante cualquier código de sustitución, el César u otro, tan sólo hay que ver cuáles son las letras que más se repiten. Con toda certeza son la E o la A. Hagamos la prueba de cambiar la letra que aparece más veces por la E o la A. Tendremos que hacer alguna prueba más, pero ya casi lo tendremos resuelto. Cuando sepamos cuál es el decalaje sólo tenemos que escribir los dos alfabetos (el normal y el decalado) y reescribir el texto.

El código de María Estuardo

Mucho después de Julio César, en la segunda mitad del siglo XVI, la reina María Estuardo reinaba en Escocia y pretendía el trono de Inglaterra. Los partidarios de Isabel de Inglaterra lograron encerrarla en prisión, desde donde María Estuardo se comunicaba con sus fieles mediante cartas cifradas según un código de sustitución, más sofisticado que el del emperador romano por cuanto cambia cada una de las letras del mensaje por símbolos de otros alfabetos o inventados. Sin este nuevo alfabeto no debería poder descifrarse ningún texto. Pero, al igual que todos los códigos de sustitución, no resiste el análisis de las letras más utilizadas de la lengua en la que está escrito el mensaje.

Esto fue precisamente lo que provocó su ejecución, que alguien descifró los mensajes entre la reina y sus seguidores y pudo saber que estaban preparando una operación para liberar a la reina. No contentos con esto, le enviaron mensajes falsos en los que los supuestos partidarios de su causa le proponían el asesinato de la reina Isabel. María Estuardo aprobó el plan y esto la llevó directa y rápidamente al degüello.

Un nuevo sistema que quería ser indescifrable

El diplomático francés Blaise de Vigenère (1523-1596) se introdujo en el estudio de la criptografía por necesidades digamos que profesionales, pero en cuanto pudo se dedicó a tiempo completo al cifrado de textos. Conocía perfectamente todos los sistemas que se habían empleado hasta su época, así como los progresos parciales de diferentes autores que habían intentado crear un código nuevo que fuera realmente indescifrable. A él le debemos el código conocido como “La tabla de Vigenère”. Se trata de la tabla siguiente, en la que el alfabeto se ha decalado una letra en cada línea.

La primera línea es el alfabeto a cifrar. Hasta aquí, igual que el código de César. La novedad es que para cada letra se emplea un alfabeto diferente, según una clave que sólo conocen el emisor y el receptor. Un ejemplo lo aclarará. Si la clave es JUEGO y el texto que se quiere codificar es EL JUEGO DEL BIG BANG, deberemos realizar una tabla como esta, donde anotamos el mensaje antes de que sea codificado y debajo la palabra clave tantas veces como sea necesario:

Texto a cifrar e l j u e g o d e l b i g b a n g
Palabra clave J U E G O J U E G O J U E G O J U
Texto cifrado
















A la primera letra del mensaje a cifrar, la “e”, le corresponde la “J” de la palabra clave. Vamos a la tabla de Vigenère, a la línea que empieza por la “J”, buscamos qué letra le corresponde a la “e” y lo anotamos. Para la segunda letra, la “l”, buscaremos su correspondencia en la línea que empieza por la “O”. Al cabo de una rato, tenemos que haber terminado el mensaje cifrado:

Texto a cifrar e l j u e g o d e l b i g b a n g
Palabra clave J U E G O J U E G O J U E G O J U
Texto cifrado N F N A S O J H K Z K C K H O V A

El mensaje que enviaremos es NFNASOJHKZKCKHOVA o, si lo queremos escribir en bloques del mismo número de letras, NFNAS OJHKZ KCKHO VA. Tan sólo quien sepa que ha sido cifrado con el código Vigenère y, sobre todo, tan sólo quien sepa que la palabra clave es JUEGO, podrá descifrarlo.

Debido a la dificultad de uso del sistema, el código de Vigenère no fue utilizado hasta dos siglos más tarde. Además, el científico Charles Babbage (el precursor teórico de los ordenadores) encontró, a mediados de siglo XIX, la manera de “romper” el código. No obstante, como la técnica para descifrar un mensaje con código Vigenère es complicada y pesada, aún continúa siendo un buen sistema para enviar mensajes secretos privados. Con la única condición, como ya se ha dicho, de que únicamente el escritor y el lector conozcan la clave utilizada.

La transposición, sistema alternativo

Todos los mensajes propuestos hasta ahora corresponden a técnicas criptográficas de sustitución, es decir, técnicas en las que cada letra se cambia por otra, según un código preestablecido. La transposición es absolutamente diferente. Ahora se trata de que las letras de un mensaje se mueven dentro de la frase, como si se tratase de un anagrama. Por ejemplo, la frase con la que empieza la historia del universo que se presenta en esta web, “Desde siempre, el hombre ha tenido la inquietud de entender el universo.”, la podemos someter al procedimiento denominado “la sierra”, con los siguientes pasos:

Paso 1. Escribimos la frase en mayúsculas.

Desde sIempre, EL HOMBRE HA TENIDO LA inquietud dE ENTENDER EL UNIVERSO.

Paso 2. Eliminem espais i signes ortogràfics.

DesdesIempreELHOMBREHATENIDOLAinquietuddEENTENDERELUNIVERSO

Paso 3. Escribimos dos veces la frase, una debajo de la otra. En la primera eliminamos las letras pares y en la segunda las impares.

DesdesIempreELHOMBREHATENIDOLAinquietuddEENTENDERELUNIVERSO

DesdesIempreELHOMBREHATENIDOLAinquietuddEENTENDERELUNIVERSO

Paso 4. Escribimos todas las letras seguidas y ya tenemos el mensaje cifrado.

DseImrEHMRHTNDLiqitdENEDRLNVROedsepeLOBEAEIOAnueudETNEEUIES

La solución está reservada exclusivamente a las personas que sepan el truco o que le dediquen muchos esfuerzos, como hay que hacer siempre en el mundo de la criptografía.

Otro sistema es el que ofrece Julio Verne en su libro Viaje al centro de la tierra. Se escribe la frase a cifrar en un cuadrado, siguiendo el orden normal de izquierda a derecha, empezando por arriba. Después las letras se vuelven a escribir, pero cogiéndolas en otro sentido, de arriba abajo, empezando por la izquierda o por la derecha. Es decir, que

V I V A E L J
U E G O D E L
B I G B A N G

se transforma en VUBIEIVGGAOBEDALENJLG o JLGLENEDAAOBVGGIEIVUB, según si reescribimos la frase empezando por la izquierda o por la derecha. Está claro que también podría ser GLJNELADEBOAGGVIEIBUV u otras muchas combinaciones.

El siglo XX

Esta brevísima historia de la criptografía finaliza aquí. Pero el anhelo de hombres y mujeres de lograr que resulte incomprensible lo que dicen y escriben no tiene fin. Después de los códigos de transposición vinieron los de clave de un solo uso, el gran hallazgo del ejército norteamericano de emplear la desconocida lengua de los navajos para los mensajes cifrados de la Segunda Guerra Mundial o la apasionante historia de la enrevesada máquina Enigma, creada por el ejército alemán y que dio tanta ventaja a los aliados cuando descubrieron su funcionamiento.

2009, hoy mismo

Hoy, cifrar información forma parte de la vida de cada día. Las contraseñas para entrar en el ordenador o el móvil y los números cifrados de las cuentas bancarias son sólo dos muestras de esta cotidianidad. ¡Qué lejos quedan los mensajes de Julio César!


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